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El camino de Auschwitz a Bruselas

El Camino de Auschwitz a Bruselas es un análisis histórico del fenómeno conocido como el Holocausto. En él vemos cómo la empresa multinacional de computadoras IBM ayudó a Adolfo Hitler facilitándole la tecnología necesaria para que su empresa criminal en contra de los judíos durante la segunda Guerra Mundial fuera todo un éxito. Es la misma empresa que sesenta años más tarde se encuentra afinando la tecnología a usarse dentro de muy poco tiempo por un hombre que está a punto de entrar en el panorama mundial. Este personaje hará ver la figura de Adolfo Hitler como la de un niño que canta en el coro de una iglesia rural. ¿Qué ha sucedido en el mundo desde esos años hasta nuestros días que nos hace comprender de una manera certera que los seres humanos están por comenzar una era de terror, angustia y tribulación como nunca antes lo habían hecho? La tecnología y la empresa que ciertamente habrá de proveer toda la infraestructura necesaria para terminar lo que Adolfo Hitler dejó inconcluso están con nosotros ya.

También se muestra la forma de escapar de esta terrible tragedia que ha de cubrir todo el mundo en muy breve tiempo cuando se siente sobre su trono, situado en Bruselas, este siniestro personaje a quien las Sagradas Escrituras llaman la Bestia.  Pueden acceder e-libro.net y comprar el mismo oprimiendo sobre la foto del libro que se muestra aquí.

A continuación, un fragmento del Capítulo II del mismo:

FRAGMENTO: II. ADOLFO HITLER: TIPO DEL ANTICRISTO

Nace el 20 de abril del 1889 en Braunau, Austria. Fue hijo de un funcionario de Aduanas. De niño tuvo problemas de disciplina en la preparatoria, luego de haber sido un estudiante más o menos promedio en la primaria. En 1905 abandona la escuela y, como no se iba a someter a la disciplina de un trabajo regular, decide comenzar a divagar por la vida soñando en convertirse algún día en un pintor famoso. En 1907 se traslada a Viena y trata de ingresar a su famosa Academia de Bellas Artes, siendo rechazada su solicitud ese mismo año y el siguiente también. Eso lo hizo caer en una profunda depresión. Comenzó a retraerse y a alejarse de los pocos amigos que tenía. Literalmente comenzó a vagabundear por las calles de Viena, refugiándose en las noches en una humilde pensión donde vivía y que pagaba con lo poco que podía hacer pintando y vendiendo algunas obras de poca monta.

Fue en esos duros años de su vida que comenzó a sentir una gran fascinación por el enorme potencial de la manipulación política. Particularmente sentía una gran admiración por la organización antisemita Partido Socialista de Viena, por la eficiente maquinaria de propaganda y el control hacia las masas que ésta poseía. Un año después de haber estallado la primera Guerra Mundial, se enlista como voluntario en del Ejército alemán. Herido en dos ocasiones, recibe varias condecoraciones por su valor en el frente de batalla, pero no fue ascendido, sino que permaneció con su rango de cabo porque sus superiores no veían en él a un líder.

Al concluir la guerra se encontró de nuevo sin nada que lo motivara a seguir dándole sentido práctico a su vida, envolviéndose con otros veteranos desempleados que tan sólo producían problemas y reyertas callejeras. En 1919 encontró un empleo gracias a su amigo Ernest Roehm, un soldado intrépido a quien Hitler nombraría más tarde como el comandante de las temibles Tropas Especiales. Este empleo era como oficial político en el Ejército, con oficina en Munich. Fue entonces cuando Hitler comenzó a asistir a las reuniones del Partido Alemán de los Trabajadores. Este partido político era de corte socialista nacionalista y, por supuesto, antisemítico.

Inmediatamente comenzó a despuntar como un gran orador de estilo certero y firme. También demostró ser un buen propagandista cuando logró elevar la membresía de tan sólo setenta miembros a unos seis mil para 1921. En abril de ese año lo hicieron “fuhrer” (líder) del ahora nuevo Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes, nombre oficial del Partido Nazi.

Los años 1922 y 1923 fueron sumamente difíciles para la ya deteriorada economía alemana a la que se le sumó una gran inflación que terminó con los ahorros de la clase media y triplicó el problema del desempleo. El Partido Nazi ya contaba con unos cincuenta y seis mil miembros y muchos simpatizantes más que veían en la figura de Adolfo Hitler una esperanza para que Alemania volviera ser una nación próspera. Inspirado en la “Marcha de Roma” de Mussolini, trató de recabar apoyo del general Erich Ludendorff, del ala derechista, que combatió en la primera Guerra Mundial, para forzar al gobierno nacionalista conservador bávaro de Gustav von Kart a cooperar con él en su proyecto “Marcha de Berlín” y de esta manera presionar al gobierno. Su intención fracasó y fue acusado de traición y condenado a cumplir un año de prisión en el antiguo fuerte de Landsberg. Fue durante este período de prisión que sus ideas básicas de estrategias y tácticas políticas tomaron forma.

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